- Eran conscientes de lo que hacían, sabían que estaba prohibido, sabían que era una locura, pero igualmente, lo necesitaban. Esa serie que estaban viendo paso a un segundo plano cuando los juegos de manos empezaron a ganar terreno, esos pequeños contactos pasaron a unas sutiles caricias, que expresaban lo que sus cuerpos deseaban.Entonces pasó, un leve roce en el cuello le bastó para morderle, y hacer escapar un suave gemido de sus labios. Sus miradas lograron encontrarse, en ellas podía verse el gran deseo que llevaban aguantando toda la tarde.Empezaron a besarse con desesperación, como si hiciera años de su ultimo beso, aunque en realidad solo hiciera 4 días de el último. Sus manos se movían solas, como sabiendo hacia donde debían de dirigirse, y es que anhelaban volver a hacer ese recorrido que tantas veces tuvo la oportunidad de hacer.Se acomodaron en la cama, y consiguieron unir sus cuerpos, que encajaban perfectamente como si de las piezas de un puzzle se trataran. Sus cuerpos se movían en perfecta armonía, en esa oscura habitación en la que solo veías el brillo de deseo de sus ojos.Se intensificaron sus besos, sus caricias se volvieron mas salvajes, y sus movimientos mas rápidos, pero sin perder ese compás que lo hacia especial. Entonces, un susurro salió de sus labios, y los brazos de su acompañante le rodearon su estrecha cintura para pegarla a su pecho.En esa oscura habitación, se podían escuchar las respiraciones entrecortadas de dos jóvenes, cuyos cuerpos, en esos momentos sudados por lo que acababan de hacer, se deseaban, dos jóvenes par los cuales los ojos del otro eran la puerta a su mundo perfecto, en el que eran conscientes de lo que hacían, sabían que no estaba prohibido, y podían estar juntos siempre que querían.
lunes, 21 de noviembre de 2011
Tardes prohibidas
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